Eli lo encontró sentado solo en el último balcón del edificio más alto de Falkirk, la torre de vigilancia. Le había visto ir a aquél lugar en otras ocasiones desde el incidente en el que murió Daelia y sabía que probablemente allí estaría. Delrick no se giró a mirarla cuando se sentó a su lado. Su mirada seguía perdida en el horizonte por el que el Sol estaba ya saliendo.
- No has ido a la reunión del consejo… – empezó Eli
- No pensaba ir.
Hubo un silencio tenso. Eli cogió aire y lo intentó de nuevo.
- Si sigues comportándote así, vas a conseguir que te echen de la guardia y la guardia te necesita. Le estarás fallando a mucha gente – hizo una pausa, pero Delrick no respondió. – ¿Es que no te importa ya ni siquiera eso?
Delrick tampoco respondió esta vez. El sonido de un ave volando por el cielo interrumpió el silencio durante unos momentos, pero éste volvió a imponerse de nuevo. La visión de la gran llanura ante ellos no mejoraba la situación. Los habitantes de Falkirk y de los pueblos-fortaleza de los alrededores sabían que gran parte del mundo se había quedado así tras el impacto de aquél meteorito. La humanidad había sobrevivido al golpe, pero aún estaba por ver si podía sobrevivir a las consecuencias.
- Las personas necesitan protección – prosiguió Eli. – Necesitan ayuda para seguir adelante. El consejo administra bien la ciudad, pero tu sabes, todos sabemos que no es suficiente. Sois tú y tus chicos los que habéis mantenido Falkirk en pie desde hace años.
Delrick seguía sin reaccionar.
- No me puedo creer que seas tan irresponsable. No puedo creerme que tu, Delrick, no estés preocupado por el futuro de este lugar al que has defendido con lágrimas y sangre y…
- ¡Para ya!
- No voy a parar, Delrick. Tu mismo te acabas de delatar. Tu conciencia no está tranquila.
- ¿Pero qué te pasa, chica?¿Por qué de pronto estás tan jodidamente parlanchina?
- Porque estoy tan preocupada por ti, como tu lo has estado siempre por todos nosotros. – lo miró fijamente a los ojos, sin timidez ni miedo. Delrick le devolvió la mirada y finalmente explotó.
- Mira Eli, estoy harto de todo y de todos. El consejo está formado por idiotas anormales que creen que la burocracia debe prevalecer sobre el resto de cosas o por gente tan jodidamente corrupta que serían capaces de sacrificar a toda su especie solo por un poco más de poder y riqueza. La gente normal de a pie, sin embargo, no quiere darse cuenta de ello. En la guardia nos dejamos no sólo la piel, sino la carne, la sangre y la vida ahí fuera machacando a esos hijos de puta que nos atacan día si y día también y sin embargo nos tratan como si fuéramos el jodido perro faldero del jodido maldito consejo. ¡Si me echan, que me echen!¡A tomar por culo con todo!¡Estoy harto de tener que preocuparme por toda esta mierda!¡Harto!
Calló cuando se dio cuenta de que los guardias de abajo habían salido a ver qué sucedía. Cuando vieron su gesto, se metieron de nuevo adentro. El silencio volvió a adueñarse del lugar.
- ¿Tanto te duele la muerte de Daelia? – dijo la muchacha. – ¿Tanto que quedas totalmente anulado? Tres meses de luto son suficientes en los tiempos que corren, ¿no crees?
- ¿Y tú que vas a saber? Daelia era muy importante para mí. Lo mejor que me ha pasado nunca. – se puso en pie, molesto. – El día en que conozcas a una persona a la que puedas amar así, comprenderás por qué siento lo que siento.
Eli se puso en pie y se acercó a Delrick. Le obligó a darse la vuelta para que la mirase directamente. Sin que el chico pudiera siquiera darse cuenta de qué sucedía, la muchacha le dio una sonora bofetada en toda la cara. Aprovechando la sorpresa y el desconcierto, luego lo cogió por el cuello y lo besó con extraordinaria pasión. Finalmente se apartó y le lanzó una mirada seria, casi amenazante.
- Tu pudiste disfrutar de la persona a la que amabas durante un tiempo. Algunos ni siquiera recibimos eso, así que no te atrevas a volver a decirme algo así. Y, por supuesto, no te atrevas a volver a hablarme en tu vida, Delrick.
Y acto seguido, se marchó escaleras abajo, dejando tras de sí a un muy sorprendido Delrick que trataba de asimilar una situación que se le había escapado por completo de las manos. Aún se quedó varias horas más sentado en aquella torre de observación. Pero por una vez, se dio cuenta de que estaba volviendo a usar su cerebro, se dio cuenta de en qué situación se encontraba y por fin, tras tres meses de agonía autoprovocada, tomo una decisión.