Realidad

La vio sentada en el balcón, vigilante como siempre con el rifle de largo alcance a su lado. Su pelo brillaba bajo la luz de la luna, negro como el azabache, liso y sin llegar a cubrirle los hombros. Llevaba una camisa de tirantes de color verde oscuro y unos pantalones anchos negros con unas botas altas de tipo militar. Así era Daelia, siempre tan preparada. Siempre tan vigilante.

Se acercó a ella y le pasó las manos sobre los hombros. Notó un ligero sobresalto y luego se dejó hacer. Sonrió un poco, lo cual no hacía a menudo. Nadie sonreía en esta época. La abrazó y le dió un suave beso en el cuello. Luego ella se giró entre sus brazos y se besaron. Delrick cerró los ojos disfrutando del beso.

Cuando los abrió, sin embargo, todo había cambiado. A su alrededor solo había fuego y destrucción. Nada en pie. La cara de Daelia estaba pálida y salpicada con gotas de sangre. Miró hacia abajo y vio un enorme agujero en su vientre. Sus ojos lo miraron mientras se vidriaban. Se oyó el clamor de unas sirenas distantes, las que se usaban para avisar del peligro de los monstruos.

- ¡Daelia!¡No! – gritó al tiempo que abría los ojos y se incorporaba en la cama. Estaba sudando.

De nuevo había soñado con ella, con su muerte. ¿Cuanto había pasado? Hacía ya tres meses que la había perdido y aún no había conseguido olvidarla. No es que tuviera muchas ganas de ello, por otra parte. Su historia amorosa había sido corta pero intensa y Delrick sabía que era muy poco probable que algo así volviera a repetirse jamás, aún aunque él tuviera ganas.

Sonaban de fondo las sirenas alertando del peligro que lo habían despertado. Un ataque de nuevo. Se puso en pié de un salto y se puso una camiseta gris y las botas. Tomó su abrigo largo, era aún de noche y hacía frío. Luego cogió la escopeta y salió de su habitación.

Fuera era todo un caos. La gente corría en una u otra dirección, según si se iban a refugiar a los sótanos de emergencia o si iban a la defensa del pueblo-fortaleza de Falkirk. Delrick se dirigía hacía ese último lado cuando se encontró con Richy. El chico tenía solamente dieciseis primaveras, pero ya había demostrado agallas y determinación en más de una ocasión.

- ¡Lobos de caverna!¡Una manada entera y además van con crías!¡Llegan por la puerta este! – le informó el chico. Era obvio que lo había ido a buscar.
- Vamos.

Llegaron hasta la puerta este. Había alrededor de una docena de hombres con fusiles, ametralladoras y otras armas preparadas frente a la puerta por si las criaturas llegaban a cruzarla. Sin embargo, la defensa empezaba en el balcón superior. En cada puerta había uno, donde estaban apostadas varias torretas. Las de la puerta este ahora rugían con fuerza.

Delrick subió hasta el balcón por las escaleras y contempló la escena. Los lobos de caverna no eran lobos en el sentido estricto de la palabra, aunque guardaban ciertos parecidos y se suponía que estos provenían de los antiguos lobos. Como todos los animales que existían, si se los podía llamar así, eran mutaciones provocadas por las guerras nucleares.

Estos monstruos eran cuadrúpedos deformes cuyo comportamiento era, en cierto modo, lobuno. Viajaban en manadas y tenían un líder, que normalmente era mayor que el resto. Tenían colmillos y morro, pero carecían de pelaje. Y esto era todo lo que tenían en común con los lobos. No eran tan inteligentes pero si implacables y destructores y sus crías eran carroñeras, aprovechando los restos de lo que cazasen los adultos.

Ahora se acercaba un grupo bastante numeroso, quizás unos treinta o cuarenta individuos, incluso después de haber abatido a una decena casi con las torretas. Con tal número, iban a llegar antes de que las tres armas pudieran dar cuenta de ellos. Y si atravesaban la puerta iba a ser un desastre. Delrick volvió al interior.

- ¡Preparad dos Boogies!¡Quiero tres artilleros y un conductor en cada uno!¡Yo iré en el primero! – Los hombres empezaron a moverse según las órdenes de Delrick.
- ¡Quietos todos! – Interrumpió una voz desde la puerta que daba al interior de la fortaleza.

Todos se giraron para ver a un individuo sin pelo y con pequeños ojos marrones. Era bajito y no parecía muy fuerte y de hecho, siempre se hacía acompañar de dos matones que lo seguían a todas partes. Su nombre era Gaufolknar y era el líder formal del consejo de Falkirk. No era el gobernador, pero sus poderes a veces podían llegar a confundir al recién llegado.

- No tengo tiempo para esto, Gau. Esos lobos van a llegar en seguida. ¡Preparad los malditos Boogies! – dijo Delrick sin apenas mirar al hombrecillo
- Y nosotros no podemos malgastar combustible solo porque te apetezca salir a pegar tiros. Las ametralladoras darán buena cuenta de los lobos. – replicó Gaufolknar
- Las ametralladoras no bastarán. Si quieres, luego lo discutimos en el consejo, pero ahora hazte a un lado y déjame proteger mi pueblo. – Delrick se mostraba tranquilo. Los hombres le obedecieron y arrancaron el primer vehículo.
- Creo que no me dejas más remedio. Rack, Josh, cogedlo. – Los dos mastodontes se movieron en dirección a Delrick.

Sin embargo, éste reaccionó rápidamente y apunto con su escopeta al rostro del primero de los matones que se quedó quieto. Hubo un momento de tenso silencio con las ametralladoras rugiendo de fondo. Alguien en el balcón pegó un grito “¡Han llegado a la puerta!” y acto seguido de oyó un golpe sonoro y la puerta de metal quedó abollada.

Delrick miró a Gaufolknar serio sin dejar de apuntar a Josh. Gaufolknar emitió un gruñido de desaprobación, se dio la vuelta y se fue, ordenando a sus dos hombres que lo siguieran. Ambos lo hicieron, lanzando furibundas miradas a Delrick. Se oyó otro golpe. El segundo lobo había llegado.

- Mierda… – susurró Delrick. – ¡No podemos dejar que rompan la puerta!¡Los que lleváis ametralladoras, cubrid la entrada!¡Tu y tu conmigo en el coche!

Montó rápidamente en el vehículo junto a los dos hombres que había elegido y el conductor. Se puso de pie dentro del coche atándose con una correa a una de las barras del chasis. Los otros dos lo imitaron. Los lobos golpeaban la puerta con fuerza.

-¡Abrid y disparad!¡Ya! – gritó Delrick

Se accionó la apertura de las puertas y en cuanto asomó el primer lobo empezó el tiroteo. Para cuando las puertas se abrieron, el segundo lobo había caído. Ahora se podía ver como más monstruos estaban intentando ganar las puertas. El boogie arrancó y fue a su encuentro. Las puertas tras ellos volvieron a cerrarse mientras Delrick y los otros abrían fuego contra las criaturas.

Diez minutos más tarde ya había terminado. Cuando Delrick y los otros volvieron a entrar en la fortaleza, los demás defensores estaban cantando una canción de victoria que ya se había convertido en una tradición. Hubo golpecitos en la espalda para Delrick y los otros. Sin embargo, Delrick se retiró del lugar en cuanto pudo acompañado de Richy.

- Como siempre, has estado fantástico – le dijo el chico para animarlo. Caminaban por los pasillos del interior del pueblo-fortaleza mientras la gente volvía a sus quehaceres.
- Gracias…
- No se que sería de Falkirk sin alguien como tu, de verdad. Ese estúpido de Gaufolknar debería cerrar su bocaza y…
- Está bien, Richy. No hace falta que repitas lo mismo cada vez. – le interrumpió Delrick
- Bien, bien. Ya te dejo en paz. Captado – Richy se detuvo y dejó de seguirlo. – Eh, Delrick tío. Tienes que empezar a olvidar, o acabará matándote. Y la gente depende de ti, incluso aunque no lo sepan.

Delrick no dijo nada y siguió caminando hasta quedarse solo. Se encaminó a la cantina. Después de una caza nocturna, siempre le apetecía un poco de licor y hoy no iba a ser una excepción.

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